Cada quien en su lugar para poder educar. Una perspectiva basada en la película “Cadena de Favores”.

Angélica Olvera García y Tiiu Bolzmann

Los docentes están perdiendo su identidad, no saben que hacer frente a los alumnos, que están “solos frente al mundo”.

«En la escuela no se cuenta con los padres» –dicen los maestros–.

Recordando la película titulada “Cadena de Favores” en la cual el maestro, según el guion de la cinta, hace un excelente papel con su alumno; resaltando su situación personal en la que le tocó ser víctima cuando al defender a su madre fue quemado por su padre.

De esta manera, el maestro se presenta como Víctima y empatiza desde este lugar con su alumno, al cual también considera una Víctima. En la relación desarrollada entre el maestro y el alumno, el maestro se siente mejor que el padre de su alumno. El cree que le puede educar de mejor manera que el padre, además entiende al niño en su resentimiento contra el padre, pues el siente lo mismo hacia el suyo.

Desde un punto de vista lineal causa-efecto se ve maravillosa la actitud del maestro ante su alumno, se ve que se interesa por él, lo quiere rescatar de su destino y en esta “heroicidad magisterial” no capta que en lo profundo divide su sentir, debilitándolo ante la realidad. Él invalida el origen del niño, ya que él invalida su propio origen. Debido a que en su niñez el maestro queriendo defender a su madre de la agresión de su padre alcohólico, interviene entre ellos dos, ante esto el padre le hecha gasolina en el pecho y lo quema dejándole una horrible cicatriz en su piel . El maestro es incapaz de asumir su propio destino y origen. No puede estar en paz con esto. Y frente a su alumno tampoco puede quedar en paz con lo que le pasa a él con su padre. Y él entra a la familia del niño como salvador, ocupando un lugar como pareja de la madre y también como padre sustituto.

IMAGEN TOMADA DE LA PÁGINA
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Curiosamente en esta imagen de publicidad de la película podemos apreciar la postura del maestro, quizá como un pequeño hijo delante de su madre intentando ayudarla, él está en una perspectiva menor. La madre del niño mira hacia él, quizá… como una madre mira a un hijo…, pero ninguno de los dos mira al niño. El niño mira a los dos y está solo. Aquí el maestro pierde su identidad como maestro.

Así, mediante este ejemplo podemos ver cómo los maestros perdemos nuestra identidad, no sabemos como actuar… “como un amigo”… “como una amiga”… “como un padre o madre sustitutos”. Y así los maestros quedan muy complacidos de que su alumno o alumna digan que la relación que sienten es como si fuera “su madre o su padre”, “su amiga o su amigo”. El maestro queda colocado en un lugar que no puede llenar, que es el de la paternidad o maternidad, o ante un lugar empequeñecido que es el de “amigo o amiga”, ya que convertir nuestra profesión de Maestro a “amigo” es una reducción que le impide actuar como maestro, poner los límites correspondientes, mostrar los objetivos y las tareas que requiere nuestro trabajo como docentes.

Como maestra y terapeuta, cuando presento este análisis del argumento de la película ante los maestros, me encuentro con que a muchos de ellos no les gusta esta perspectiva, ya que la actitud del protagonista les parece buena y admirable, debido a que el magisterio puede llegar a tomar un camino equivocado de “heroicidad” que desgasta no lográndose resultados que sean al menos en poco, “directamente proporcionales” a los esfuerzos de trabajo, empeño y desgaste emocional generados por el mismo maestro en aras de ayudar a sus alumnos.

De esta manera surge el fenómeno tan comentado del síndrome del maestro denominado “Burn out”, que si lo traducimos al español sería “El maestro desgastado, agotado y desilusionado de su papel” o literalmente traducido significaría “El Síndrome del Maestro Quemado”… como se encuentra el protagonista de la película.

Los maestros se ven tan presionados por el contexto psicosocial, familiar y de habilidades tecnológicas dadas por los años “dos miles”; que se sienten insuficientes ante la tarea de enseñar, ya sea las matemáticas, la literatura, u otras materias, cargadas de necesidades afectivas no resueltas en la familia y que en un acto de amor desmedido, sin claridad, los maestros queremos resolver, equivocando un rol de terapeutas dejando de lado el ser maestro.

Desde la Pedagogía Sistémica, el lugar de los héroes magisteriales desgastados, desilusionados y cansados es liberado haciéndose posible un establecimiento del orden institucional educativo. Es decir, se reconoce, profundamente el lugar preponderante y protagonista de los padres de familia, y se respeta. Así nuestra tarea como maestros se centrará en cubrir las necesidades académicas para las que fuimos requeridos, sabiendo que sólo respetando y honrando el origen de nuestros alumnos, ellos “aprenderán” a apreciar y reconocer su pertenencia en el sistema familiar, así la herencia se asumirá y será el punto de partida para fortalecer la mirada al: origen familiar que concede la continuación de la vida y del aprendizaje en ella, allí los maestros tenemos nuestro lugar como:

Docentes en el aula.

Docentes en el pasillo.

Docentes ante los alumnos, y, ante ellos, nuestros alumnos… y por el bien de todos, sus padres tendrán un lugar en nuestro corazón de maestros.

Ante esta tarea los maestros necesitamos ver que no estamos solos, pues pertenecemos a una red institucional.

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