¡Ningún maestro es una isla! Redes de amor y respeto en el aula.

Angélica Olvera y Amparo Pastor

La alegría por vivi es la fuerza que llevamos ala aula.

Ningún maestro esta solo, en una Institución educativa todos los maestros compartimos las mismas intenciones: éxito escolar, que significa que nuestros alumnos saquen las mejores notas para que sus padres y su familia se sientan satisfechos del esfuerzo realizado.

Muchas veces, esto no lo miramos y creemos que los maestros estamos solos, así, no consideramos el trabajo de otros colegas, ni consideramos el apoyo que obtendríamos de la familia si lo pidiéramos.

Pensamos que la familia esta muy ocupada y que nuestros colegas ya tienen mucho trabajo y no saben lo que yo quiero para mis alumnos.

En mi experiencia yo he visto división en el cuerpo de maestros, los maestros no miran con buenos ojos a los maestros que tienen dificultades en el aula, y si se sienten que pueden estar del lado de los maestros que tienen menos dificultad en el grupo.

A donde se encamina la solidaridad, se encamina a mirar a los que resuelven los conflictos en el aula, ya que como maestro, mis miedos me amenazan.

  • Hay miedo cuando me percato de que los contenidos curriculares de mi materia no han sido aprendidos.
  • Hay miedo cuando el miedo de un alumno se transforma en una agresión contra el maestro.
  • Hay miedo cuando el miedo del maestro se vuelve contra el alumno.
  • Hay miedo en los maestros ante las situaciones escolares que cambian día a día y en forma continua.
  • Miedo a que sus colegas no lo tomen en cuenta, o miedo a obstaculizar el trabajo de otros y así, por esta razón, muchos maestros se alejan unos de otros.

Cuando desde el punto de vista sistémico los maestros nos damos cuenta de que en realidad el miedo nos pertenece porque el aprendizaje y la escuela dan miedo a los alumnos, los maestros lo soportamos con gusto si lo hacemos como un cuerpo de maestros unido.

Si todos los maestros nos damos fuerza a través del vínculo profesional, esto fortalece a nuestros alumnos.

Queda claro que el miedo forma parte de nuestras vidas porque quedamos separados, separados de la madre, separados de los padres, separados del conocimiento, separados del amor. Para los alumnos es necesario que los maestros reconozcan este trasfondo, que lo reconozcan como cierto, que admitan su propio miedo, que acompañen y contengan a los alumnos cuando sientan miedo.

Ante un grupo con dificultades, un cuerpo de docentes unido.

¿Qué podemos hacer para unirnos los educadores por el beneficio de los estudiantes?

  1. Dirigir la mirada hacia delante.
  2. Asentir a la vida tal como es.
  3. Adoptar una actitud de humildad y confianza en que lo esencial se dará cuando sea su momento.
  4. Honrar y tomar a nuestros padres y a nuestra familia y, dar oportunidades a los niños y los adolescentes para que hagan lo mismo, para poder así llegar a ser uno mismo y madurar.
  5. Sanar los vínculos familiares reformulando los auto-mensajes.
  6. Sustituir la compensación procurada a través de la expiación, la cual conlleva fatalidad, daño y muerte, auto-destrucción y dolor; por la compensación positiva a través del tomar y de los actos de reconciliación.
  7. Reintegrar en nuestro corazón a todos los miembros excluidos o no reconocidos en el sistema.

¿Qué podemos hacer los docentes, por el bien de las familias de nuestros alumnos y las propias?

Contribuir a potenciar el orden en los sistemas a los que pertenecemos y en los que nos vamos desarrollando: familia, escuela y sociedad.

No contribuir al caos dentro de los sistemas para que estos puedan cumplir mejor su función de sostener, contener, orientar y guiar a sus miembros.

¿Cómo hacerlo?

Ocupando nuestro lugar dentro del sistema, permitiendo y posibilitando que cada cual ocupe el suyo.

Contribuyendo a la alianza entre el sistema familiar y la institución educativa, permaneciendo cada cual en su lugar.

¿Qué puede hacer la institución educativa, qué podemos hacer nodsotros los educadores en favor del sistema familiar?

Reconocer y respetar a la familia tal como es.

Actuar con humildad de modo que los educadores ocupen su lugar, sin sentirse mejor que los padres. Contribuir a dignificar la labor de la familia.

Respetar el destino del alumno, especialmente cuando topamos con problemas “irresolubles” para la institución educativa. Lo que proponemos a los educadores es que no se conviertan en los protagonistas y que, desde el trabajo en equipo, adopten una actitud de confianza en los recursos de del alumno y de su sistema familiar para afrontar su destino, su posible dolor y su situación.

¿Qué podemos hacer las familias?, ¿qué podemos hacer como padres y madres? ¿qué podemos hacer como abuelos, hermanos, tíos… en pro del sistema educativo?

Reconocer y respetar a la institución y a los docentes tal y como son.

Actuar con humildad y respeto de modo que la familia ocupe su lugar, sin sentirse mejor que los educadores.

Contribuir a dignificar la labor de la institución educativa y de los educadores.

Asumir que los problemas de los hijos son problemas a resolver en común. Cooperando y no compitiendo, dignificándose y respetándose mutuamente entre familia e institución educativa.

En definitiva, se trata básicamente de:

Reconocer lo que es y respetarlo.

¡Así la alegría por vivir es la fuerza que llevamos a la escuela!

Y predisponernos a contribuir conscientemente para posibilitar:

Que cada cual ocupe su lugar, considerando a los fallecidos o excluidos.

Que se respeta la jerarquía.

Que se honre a los antepasados y a los padres.

Que se tenga presente la fuerza del vínculo.

Que se sepa que todo hijo actúa por amor y que los hijos, a veces, toman tareas de los padres que no les corresponden, lo cual puede explicar parte de sus conductas y actitudes autodestructivas o destructivas.

Que se respeten los procesos.

Que la confianza, la conciencia, la atención y la humildad nos ayuden en la labor de crecer, madurar y, educar y educarnos día a día, momento a momento.

Deja un comentario

Abrir chat