Pertenencia y orden: aplicando la pedagogía sistémica en la tutoría de secundaria.

José Carlos Pascual Rosado.

Como profesor de secundaria es frecuente ser responsable de la tutoría de un grupo, durante los últimos años éste ha sido mi caso.

Quisiera compartir algunas de las experiencias realizadas que han sido positivas y pueden resultar de fácil aplicación.

 

Jerarquía: «el que llega primero tiene prioridad sobre el que llega después».
Algunas nociones básicas.

La familia es un sistema y el centro escolar es un sistema. Hay dos principios esenciales que son el fundamento de la pedagogía sistémica: uno de ellos es el pensamiento sistémico, que nos permite ampliar la mirada y tener una panorámica general del conjunto o sistema; el otro es la fenomenología como herramienta para acercarnos a lo que es –al fenómeno–. Además, existen unos «órdenes» o leyes que rigen los sistemas, pero: ¿qué son estos «órdenes»? Bert Hellinger, el creador del modelo terapéutico de las constelaciones familiares en el que se inspira la pedagogía sistémica, afirma: «Del mismo modo que existen leyes en el universo y la naturaleza, también existe un orden en los sistemas humanos entendidos como un todo».

En este contexto, entendemos la familia como un sistema y también el centro escolar como otro sistema, cada uno de ellos tiene características propias, por ejemplo: nuestra pertenencia al sistema familiar es permanente; sin embargo, sólo pertenecemos al sistema escolar de manera transitoria.

Ambos tienen sus propios «órdenes» o leyes, conocerlos supone una gran ayuda para nuestra labor docente.

Hay dos básicos: el de pertenencia y el de jerarquía.

El primero nos dice que: «todo el que pertenece al sistema tiene derecho a ser reconocido», de aquí el carácter necesariamente inclusivo de esta pedagogía. Respecto al jerarquía: «el que llega primero tiene prioridad sobre el que llega después».

Como profesor de secundaria es frecuente ser responsable de la tutoría de un grupo, durante los últimos años éste ha sido mi caso.

Quisiera compartir algunas de las experiencias realizadas que han sido positivas y pueden resultar de fácil aplicación.

Uno de los objetivos esenciales de estas prácticas es permitir que los niños y niñas conozcan y experimenten el orden, tomando su lugar de hijos respecto a sus familias y como alumnos en el centro.

El profesor toma su lugar

Antes de comenzar a aplicar con nuestros alumnos estas propuestas, resulta tan oportuno como conveniente respetar los órdenes, ubicándonos en nuestro lugar, el que nos corresponde en cada caso; únicamente desde ahí podemos trabajar como docentes de manera eficaz.

Existen algunos ejemplos respecto al centro escolar:

En relación con la dirección del centro: «el director y su equipo tienen un rango superior, en cuanto a su función, y han de ser respetados por ello».

En relación con los compañeros: «el primero que llega tiene cierta prioridad sobre los que llegan después», esto sirve para el claustro.

Respecto a los alumnos: «los profesores dan y los alumnos toman». Muchos de los docentes, particularmente en la enseñanza pública, hemos estado en varios centros escolares, a veces en tantos que casi «perdemos la cuenta»; además, hemos tenido diversas experiencias en cada uno de ellos.

Un ejercicio sencillo y muy efectivo es ordenar los nombramientos de los distintos centros en los que hemos estado, por antigüedad, siendo conscientes de los años y el tiempo que hemos pasado en ellos, reconociendo internamente todo lo que hemos recibido de cada uno y agradeciéndolo. Es importante abrir y cerrar adecuadamente nuestra estancia en el centro escolar, esto nos facilita una nueva incorporación.

Ordenar el aula facilita el aprendizaje.

Este año he comenzado a ser plenamente consciente de la ayuda que supone el ordenar a los alumnos en el aula. A partir de los primeros días de curso les he situado en cada una de mis clases por orden de edad, según la fecha de nacimiento: año, mes y día, de adelante hacia atrás, según miramos desde la fila más a la izquierda hacia la derecha, especialmente a los de mi tutoría y también, como profesor de plástica, a los grupos que llegan a cada una de las aulas donde imparto esta materia en el centro. El resultado es que los alumnos respetan el orden y éste favorece su comportamiento y el rendimiento escolar.

Puede suceder que como profesores de otras materias tengamos que ir al aula de referencia del grupo y resulte algo más difícil cambiar su posición. En ese caso, siempre podemos hablar con el tutor y proponérselo, o con su conocimiento probar qué sucede si les ubicamos en nuestras clases siguiendo su orden de nacimiento.

Una buena práctica: realizar dibujos familiares

Desde las primeras sesiones de tutoría podemos trabajar con nuestros alumnos para conocer cómo están situados en su sistema; aquel que se encuentre fuera de su lugar puede tener un rendimiento escolar bajo o una actitud difícil en el aula o con sus compañeros.

Hacer dibujos de las familias es una práctica muy reveladora; en este caso, no se trata de evaluar sus habilidades artísticas, solamente de obtener la información necesaria para conocer el lugar que ocupan. Para ello basta con una hoja de papel en blanco y algunos lápices o ceras, es más rico si se realizan en color porque podemos obtener más datos.

Para su lectura podemos fijarnos en distintos parámetros:

En la colocación de los miembros de la familia. ¿Falta alguno? Podemos ver si se encuentran todos y si están en su lugar. Una lectura correcta sería, de izquierda a derecha: el padre, la madre y los hijos por orden de llegada: primero, el mayor; después, el segundo, etc.; incluyendo también a aquellos que hayan muerto a temprana edad y los posibles abortos.

Cuál es su tamaño, aquí la magnitud indica el orden: los niños deben ser algo más pequeños que los padres, aunque tengan mayor estatura física; aunque en esto puede haber cierta flexibilidad, lo importante es cuando las diferencias son significativas.

¿Hay espacios vacíos o huecos entre ellos? Si es así, éstos indican la presencia de alguien no reconocido. En ese caso, podemos preguntar.

Particularmente explícito es el uso del color, podemos obtener fácilmente información a partir de una simbología de los colores. El rojo significa enojo y también violencia; el azul indica tristeza o debilidad; el blanco, duelo (o sacrificio); el negro significa miedo; el amarillo, alegría creativa; y el verde, alegría vital; el naranja revela culpa. Así, cuando un miembro de la familia está pintado de rojo, podemos deducir que muestra su rabia o enfado.

Cada uno puede ejercitarse en la lectura de los dibujos, con paciencia y contrastándola con sus alumnos. Muchas veces están llenos de sorpresas.

Si observamos que hay algún tipo de desorden o dato significativo, podemos pedirles que vuelvan a hacer uno nuevo indicándoles cuál puede ser el orden o el tamaño adecuados.

De este modo, ellos obtienen una información valiosa a través de estas imágenes que les permiten conocer su lugar correcto en el sistema.

Hay que recordar por último que nuestra función como docentes es exclusivamente pedagógica.

No nos toca resolver los problemas personales de nuestros alumnos.

Un genograma sencillo

Todos sabemos que un genograma es un árbol genealógico y supone una herramienta eficaz para que nuestros alumnos conozcan sus sistemas familiares. Podemos pedirles que realicen uno, explicándoles previamente cómohan de situar en primer lugar a sus abuelos:

paternos y maternos –los hombres se representan con un cuadrado y las mujeres con un círculo– con sus nombres y apellidos, e incluso con su lugar de nacimiento. A veces no los conocen, en ese caso pueden preguntar en sus casas.

A partir de sus abuelos, a través de líneas, colocan a sus padres: de los abuelos paternos el padre del alumno y de los maternos su madre, indicando también sus nombres y apellidos y su lugar de nacimiento.

Siguiendo el modelo del gráfico, a partir de sus padres también se sitúan ellos y sus hermanos con sus correspondientes datos, según su orden de nacimiento.

Además, si lo desean, pueden incluir fotos de todos ellos, lo que hace que el resultado sea más claro y atractivo. También pueden hacerlo a mano o con el ordenador, utilizar papeles de colores, etc.

Con este ejercicio se refuerza su sentido de pertenencia y el conocimiento de sus raíces, además del lugar que ocupan en el sistema familiar.

Integramos nuestras raíces y a los compañeros: «las banderas nos unen».

Otra actividad muy interesante y con resultados sorprendentes es la de confeccionar banderas. La realicé por primera vez con un grupo de 1.º de ESO en un centro de Móstoles, en la Comunidad de Madrid. Pedí a los alumnos que hicieran la bandera de España y las de sus comunidades autónomas de origen; en caso de ser madrileños y para ampliar, tenían que hacer las de sus padres o sus abuelos. A los alumnos de otros países les pedí que confeccionaran sus respectivas banderas. De este modo, se dividieron las tareas en el grupo. Realizaron sus banderas y las colocamos en las paredes del aula. En primer lugar, una de España con rollos de papel pinocho que pegamos a la pared; a continuación, las banderas de la comunidad autónoma en la que estábamos y también la de la localidad, hechas con cartulinas –también se pueden pintar con ceras u otra técnica–; luego, las de las restantes comunidades y, después, las banderas de los países de origen de los alumnos, también con rollos de papel. El aula se había transformado en un lugar vivo y lleno de color.

Les pedí que se lo contaran a sus padres para recabar su opinión, algunos de ellos, particularmente los de otros países, estaban encantados de que sus banderas se incluyeran.

También hicieron un escrito sobre la actividad, uno de los textos decía: «las banderas nos unen». ¡Qué bueno! Con ello pudimos favorecer el reconocimiento y la integración de sus propias raíces y las de sus compañeros, cultivando el respeto mutuo, la tolerancia y la con- vivencia. Las banderas estuvieron en el aula todo el curso.

Movimientos en el aula.

Todos miramos los objetivos.

Una posibilidad muy atractiva es la de configurar espacialmente a las familias, a partir de los dibujos o los genogramas, utilizando como representantes a nuestros alumnos. Unos harán de abuelos o abuelas, otros de padres o madres, y de hermanos. Esta posibilidad es muy flexible y nos permite experimentar de manera espacial y muy clara cómo se sienten en cada lugar, ajustando las posiciones hasta mostrar el orden y el equilibrio en el sistema.

Hay otras opciones de ubicación, a veces los sistemas familiares son más complejos, puesexisten matrimonios anteriores e incluso hijos de esas primeras parejas. En ese caso, el esquema se complica y es más difícil, y por tanto más necesario para ellos conocer el lugar que les corresponde. De todo ello hablaremos en otra ocasión.

Existen algunas prácticas más que por razones de espacio no podemos exponer en este artículo; sin embargo, lo más importante es atrevernos a probar con nuestros alumnos, particularmente en nuestra tutoría. Uno de los aspectos más apasionantes de la pedagogía sistémica es el de las muchas posibilidades que ofrece para la innovación y experimentación prácticas.

Leyendo este artículo podemos preguntarnos:

¿para qué sirve todo esto si lo aplico en mi tutoría?, ¿qué repercusiones y beneficios puedo obtener? Los objetivos esenciales de estas prácticas son:Ser conscientes de la conveniencia de tomar nuestro lugar como docentes en el sistema escolar.

Reforzar la pertenencia de nuestros alumnos a sus sistemas familiares y, después, también al escolar.

Permitir que ellos conozcan y experimenten el orden, tomando su lugar de hijos respecto a sus familias y como alumnos en el centro.

Una vez situados en el lugar que nos corresponde como maestros o profesores y habiendo favorecido una correcta ubicación de nuestros alumnos, podemos mirar todos juntos y con más eficacia los objetivos, tanto académicos como de socialización.

¡Ánimo, ahora es su turno!

Aula de Innovación Educativa. Núm. 158

 

Deja un comentario

Abrir chat